Un proyecto de Creaydestruye. Siete canciones. Mundos enteros. Desde una habitación.
La inteligencia artificial no reemplaza al autor: amplifica, propone y contradice. Pero cada decisión —qué se queda, qué se tira, qué respira— sigue siendo mía. Así nace cada canción de Vicenia.
Desde que hago esto toco más, creo más, aprendo más. Con respeto absoluto por la música y por quien la hace sin atajos, prefiero preguntarme en voz alta si esto está bien que fingir que la pregunta no existe.
No soy músico. Toco la guitarra, el teclado, compongo tocando. Lo intenté por el camino de siempre, pero nunca cuajó.
Vengo del audiovisual. En 2025 me metí en la IA con la imagen y el vídeo, y no paré. Luego llegó Suno. Subí unos bocetos y bum: podía moldear el sonido a mi gusto. Dar forma a una voz. A un carácter. A una identidad entera.
Eso me dio la IA. No una voz mejor: la libertad de crear a alguien a mi medida.
Y salió todo lo que llevaba dentro desde crío —los Gremlins, Siniestro Total, Drexler, Larregui—. Así nació Vicenia.
Es un vértigo. Amo y odio la IA a la vez. Unos días siento que me traiciono. Otros veo lo que sale y no puedo negar que es increíble.
Pero algo tengo claro: desde que hago esto toco más, creo más, aprendo más. La IA no me hizo vago. Me hizo imparable. Y aun así me sigo preguntando: ¿está todo esto bien?
No lo sé. Pero prefiero preguntármelo en voz alta —con respeto por la música y por quien la hace sin atajos— que fingir que no.
Vicenia no es real. Lo que siento al hacerla, sí. Y eso es lo único que sé con certeza.
(Creaydestruye)
Dossier Vicenia →